Un mapamundi por corazón

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La primera vez que viajé fuera de mi país tenía 4 años y mi destino era México. Un hermano de mi papá vivía allá por aquel entonces y nos recibió a mi mamá y a mí en la casa que tenía en Morelia, Michoacán. A pesar de que han pasado 30 años desde eso tengo todavía muchos recuerdos lúcidos de ese viajes. Y me atrevo a decir que a pesar de mi corta edad, ya el bicho del viaje me había picado y no había de abandonarme jamás.

De esa ocasión tengo los siguientes recuerdos concretos:

  1. Yo con mucho miedo por entrar al salón donde están las momias de Guanajuato.
  2. Yo muy feliz por estar en un zoologico de verdad (con elefantes y tigres) en Morelia.
  3. Yo asombrada en Janitzio, Patzcuaro, por la enorme estatua de un señor en medio de una isla, por poder subir hasta la parte de arriba de esa estatua y ver una especie de busto egipcio en un pequeño cuarto (eso es lo que recuerdo, tengo algo de dudas sobre esto último, que haya sido mi imaginación).
  4. Yo metida en la cajuela de un carro envuelta en cobijas,  cruzando una zona desértica, porque hacía mucho frío y el carro no tenía aire acondicionado.
  5. Yo comiendo algo que no preciso junto a una plaza en Pachuca, Hidalgo.
  6. Yo viendo un montón de edificios desde una terraza en algun edificio del distrito federal (hoy CDMX, y quiza el recuerdo más vago que tengo).

Luego de ese viaje hice otros cuantos más, siempre junto a mi familia, a países como Estados Unidos, Colombia, Panamá y Nicaragua. Y aunque disfrute mucho de cada uno de ellos,  el wanderlust se me activó de nuevo, con más ímpetu, cuando regresé a México en 2013, 26 años después de mi viaje original.

Este segundo viaje a México fue el primero en mi vida que hice sola. Bueno, por sola quiero decir, sin mi familia de sangre inmediata, entiéndase papás, hermanos, tíos, abuelos, etc. Porque en realidad tuve la compañía de mi mejor amigo y compinche en esta aventura, a quien a mucha honra le contagie el travelbug: mi esposo Pedro.

Asimismo, fue el primer viaje que me pagué yo sola, otra vez quiero decir, sin que mi mamá o alguien más pusiera dinero. Fue una declaración de independencia. Creo que por eso fue (y sigue siendo) algo muy significativo en mi vida. México fue esa primera escala, y es la inspiración para comenzar con este blog de viajes, en el que planeo contar mis vivencias durante cada una de mis escapadas al mundo: un mundo tan grande que no se si llegue a verlo todo, pero está en mis planes.

También tengo la dicha de vivir en un país bellísimo y al cual mucha gente, con la misma enfermedad que yo, viene a visitar para llevarse un pedacito en su maleta. Así que aparte de contarles cosas curiosas, darles consejos, pintarles paisajes y antojarlos a que visiten otros países, también pienso hacer lo mismo pero con Costa Rica, que a pesar de su tamañito, es grande en corazón y en belleza.

Viajar es una de mis más grandes pasiones. Uno de los motores que impulsa mis sueños.  Algo en lo que no dejo de pensar ni un sólo día. El otro amor de mi vida. Tengo un mapamundi por corazón. Espero que este blog sea el comienzo de algo grande. No se lo que eso signifique, pero se que tengo fe. Y un pasaporte con muchas hojas por llenar.

 

Categorías:Viajes por el mundo

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