Chiapas: el “otro” mundo maya

 

“¿Por qué nunca se me había ocurrido Chiapas?”

Eso me pregunté mientras estaba dentro de la Iglesia de San Juan Chamula y el olor a copal se me metía por las fosas nasales como una marejada. El olor era tan fuerte que yo sentía que me hacía cosquillas, literalmente, en el cerebro. La pregunta fue retórica.

“Pues porque no tenía idea de que fuera tan, tan, tan increíble”.

A Chiapas llegamos luego de pasar por la CDMX, Puebla y Oaxaca. Era la segunda vez que visitaba México en mi vida y hasta ese momento, todas mis expectativas se habían cumplido. Y entonces llegamos a Chiapas y este lugar me voló la cabeza.

Cuando uno piensa en el mundo maya, por lo general lo que se le viene a la cabeza es Tikal, Chichén Itzá, Tulum, nombres bastante conocidos y ciertamente ruinas arqueológicas muy hermosas. Pero a la gente se le olvida que hay otro “mundo maya”, ese que vive todavía a su manera, con sus propias leyes, sus creencias y rituales más vivos que nunca. En Chiapas, el legado maya todavía arde. Por eso, aunque de repente vean las noticias y les de un poco de miedo que hayan manifestaciones, bloqueos, alzamientos indígenas y gente realmente enojada, yo les digo: Vayan, vayan, vayan. Chiapas no se olvida fácilmente.

¿Qué cosas no se pueden perder en Chiapas?

Este estado mexicano tiene de todo: selva, cultura viva, ruinas arqueológicas, ciudades coloniales, bellezas naturales, en fin, de todo y para todos los gustos. Aún quedándose mucho tiempo, creo que no alcanzaría para ver todo lo que hay. Para que se hagan una idea, tan sólo el territorio de Chiapas es más grande que el de Costa Rica.

Yo estuve por esa zona sólo durante unos 4 o 5 días, pero me alcanzó para ver muchísimo y quedar antojada de volver. Si su visita fuera así de rápida, no se pueden perder las siguientes experiencias:

 Recorrer a pie San Cristóbal de las Casas:

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Las casas y edificios tienen  todas fachadas coloniales, y forma parte del circuito de Pueblos Mágicos de México

San Cristóbal de las Casas es una de las ciudades coloniales más lindas de Latinoamérica. Todavía tiene sus calles empedradas, casas con fachadas antiguas, fuentes, iglesias cada 100 metros y mucho, mucho color. Visitar la ciudad dentro de un carro o buseta no vale la pena: hay que quedarse e irse a caminar un rato para enamorarse de ella y descubrir rinconcitos lindos a cada nada.

Nosotros nos quedamos en un hotel muy lindo llamado Casa Mexicana, muy cerca de todo y con ese aire de casa antigua que nos gusta. Desde ahí salimos a caminar en nuestros ratos libres, viendo las casas, comiendo golosinas, disfrutando del friito y la neblina (porque si, no es un clima cálido precisamente). Alejándose un poco de la parte más turística, uno encuentra fondas donde comer rico y muy barato, así como mercados más alternativos donde comprar artesanías mayas.

Mi recomendación?  Aventurense a caminar en callecitas alejadas a la plaza Central (obvio, con precaución y preguntando a los locales si es seguro), fijo van a descubrir paisajes lindos para sus fotos y también van a poder andar en paz, ya que el acoso al turista en esta ciudad es bastante.

 

Visitar las comunidades indígenas aledañas, sobre todo San Juan Chamula:

 

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Como les dije antes, en Chiapas el legado maya arde, y a veces esto es literal.

Nosotros tuvimos el chance de visitar dos comunidades indígenas, ubicadas a una media hora de San Cristóbal: Zinacantán y San Juan Chamula. Aunque pueden parecer similares, son en realidad bastante distintas entre sí.

Zinacantán, por decirlo de algún modo, es más tranquilo. Los indígenas que la habitan son de pocas palabras y miran al extranjero con recelo, pero de algún modo son más “abiertos” con el mundo exterior. Muchos hablan castellano y uno tiene la oportunidad de tomarse fotos con ellos, si pide permiso. También algunos viven del turismo expresamente, y reciben gente en sus casas para mostrarles las técnicas de tejido tradicional, la cocina, y una degustación de pox, un popular destilado de caña que al parecer todos los hombres del pueblo pasan tomando.  De hecho, cuando visitamos la iglesia del pueblo casi que el 90% de los hombres que estaba dentro estaban ebrios con pox. Un cuadro poco ortodoxo para un “blanco”, quien podría mirar un borracho en una iglesia como un “irrespeto”. Pero bueno, aquí las cosas son distintas y si uno quiere ser un buen viajero, debe empezar por abrir su mente y entender que lo que uno conoce es muy poco.

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Tejidos de muchos, muchos colores!

San Juan Chamula sí es una experiencia de otro mundo. Originalmente, una de las cunas de la insurrección zapatista de 1994, San Juan Chamula cuenta con una status de autonomía especial con respecto al gobierno estatal de Chiapas, y al gobierno federal de México. Aquí no está presente ni el ejército ni la policía. Ellos tienen sus propias autoridades, y les vale un banano si usted como extranjero alega “demencia” o que no conoce la ley. O cumple sus leyes o corre serio riesgo de ser encarcelado.

Si en Zinacantán los indígenas son recelosos, aquí la palabra toma un nuevo significado.  Muchos de ellos sólo hablan tzotzil, y mastican talvez algunas pocas palabras en castellano. Sus miradas a veces son incluso hostiles. Tomarles una foto directamente los puede incomodar mucho, y aunado a lo de las leyes propias que tienen, uno realmente no se siente muy tentado a hacer algo que los moleste.

Lo de las fotografía es especialmente estricto dentro de la iglesia del pueblo. Al que agarren tomando fotos, mínimo, y si le va bien, le quitan la cámara y lo sacan de la Iglesia. Si el Consejo Local y los indígenas están teniendo un mal día, usted podría terminar linchado o “caneando” en una celda. De verdad hay que ser cuidadoso con esto,  y por más que a uno le parezca exagerado, uno empieza a ser un buen viajero cuando abre su mente y reconoce que conoce muy poquito del mundo.

A pesar de que esta severidad puede sonar amedrentadora, yo les digo: no se pierdan entrar en esa iglesia. Lo que uno ve allí dentro le vuela la cabeza a uno en términos del sincretismo religioso. Hay una mezcolanza bien brava entre las tradiciones judeocristianas y los rituales mayas antiguos, tan es así que a ratos la definicion más precisa para describirlo es “paganismo”. Cuando uno entra el olor a copal quemado es tan intenso que cuesta acostumbra el olfato, y también la vista, porque el humo es tan denso que a primera entrada quema los ojos. Una vez que los ojos se acostumbran, uno puede ver el siguiente paisaje: una iglesia sin bancas, donde todo el mundo esta sentado o acostado en el suelo, sobre petates. Cientos de velas encendidas con coronas de flores alrededor. El suelo está cubierto de agujas de pino.  Las personas llevan canastas de vegetales, maíz, carne cruda, pollos muertos y otras ofrendas similares. A veces el pollo está vivo y lo van a matar dentro de la iglesia , lo tienen amarrado de las patas y el bicho brinca y grita. Los santos que están colocados en las paredes tienen espejos situados al frente. Los indigenas toman pox y cantan en su lengua. El chamán atiende los casos severos de enfermedad. Todo es demasiado para los sentidos.

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La bendita iglesia. Se ve muy normalita por fuera.

Mi recomendación? Si cuentan con poco tiempo y solo puede escoger una comunidad, vayan a San Juan Chamula. Sí, el ambiente puede ser un poquito más pesado, pero creo que eso es parte de lo maravilloso de viajar: el choque cultural tan explosivo. Si el objetivo es aprender de otras culturas y asombrarse ante lo pequeño que es uno frente al mundo, no se van a arrepentir. Además de la iglesia también pueden visitar el cementerio, que es bastante colorido, y comprar artesanías. En este pueblo específicamente fabrican muñequitos inspirados en la temática de la insurrección zapatista y en el Subcomandante Marcos.

Quedarse boquiabierto en las ruinas de Palenque:

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Parte de las ruinas de Palenque. Ese feo parchon azul es porque estaban haciendo trabajos de mantenimiento en el Templo de las Inscripciones.

Palenque es algo así como el hermano no tan popular de Chichen Itzá y Tikal en lo que a ruinas arqueológicas mayas se refiere. Es decir, la gente ha oído hablar de él, pero no le dan tanta bola. Yo digo: deberían darle bola!

En Palenque uno se queda con el ojo cuadrado: es un sitio arqueológico enorme y rodeado de naturaleza. Hay muchos templos, entre ellos el Templo de las Inscripciones donde se encuentra la tumba de Pakal el Grande, el más famoso de sus gobernantes. Se dice que a la fecha sólo un 2% del total del sitio ha sido descubierto, lo que quiere decir que muchas estructuras aun continúan enterradas o escondidas bajo el denso bosque tropical.

No les voy a dar mucho detalles técnico aquí, primero porque en Internet pueden encontrar mucho material; y segundo, porque la idea es despertarles la curiosidad y que le den bola a Palenque. Es un lugar verdaderamente impresionante.

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Mi recomendación?: El lugar es bastante húmedo y caliente, así que lleven ropita ligera pero al mismo cubierta por aquello de los mosquitos. Si hay que escoger un momento, que sea la mañana, que está un poco mas fresquito y hay menos gente.

 

Darse una vuelta por las Cascadas de Agua Azul:

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Irreal el turquesa!

Además de los sitios arqueológicos y las comunidades indígenas, Chiapas también es el hogar de muchas maravillas naturales, no en vano es un destino popular en México para el ecoturismo, aunque a mi parecer, este concepto todavía está un poco en pañales por allá. Bueno, al menos por ahi del 2013 que fue cuando estuve por esas tierras, no se que tanto haya cambiado la visión en estos 4 años.

¿Por qué digo esto? Porque durante mi recorrido por Chiapas pude constatar que en varias de sus atracciones naturales se llevan a cabo prácticas que son turísticas, pero no necesariamente ecoturísticas. El ejemplo más claro es el llamado Cañon del Sumidero, que si bien es un lugar interesante de conocer, lo aparejaban con un tour a un “refugio” de vida silvestre, que en realidad era un zoológico (que tengo entendido, ya cerró, gracias a Dios). En ese lugar tan triste, tenían pájaros y monos encadenados para que la gente se tomara fotos con ellos por ejemplo.

Asimismo las Cascadas de Agua Azul, aunque son un paraje naturalmente bello, sufren con la invasión humana que piensa que entre más intervenido un lugar, más “bonito” para el visitante. Estas Cascadas,  como su nombre lo dice, son de un color azul turquesa, bastante irreal. El paisaje da para fotos preciosas, para relajarse y disfrutar de la naturaleza, pero desafortunadamente hay a su alrededor muchos negocios, restaurantes, chinamos, al punto que a veces casi, casi están metidos dentro del río.  Es esa visión, errada a mi parecer, de manipular el entorno en función del humano y no al revés. En todo caso, y con toda la crítica que ya expuse, es un lugar que vale la pena visitar.

Mi recomendación? Mucho ojo cuando vayan a uno de los restaurantes que están alrededor del complejo, pues suelen ser caros y malos. Como íbamos en un tour, terminamos en un rancho donde nos sirvieron un pescado bastante feo y tras de eso fue la comida mas cara que pagamos en México (donde la comida suele ser abundante, deliciosa y baratísima).

 

Y ustedes, si ya visitaron Chiapas, cuales experiencias recomiendan?

Si no han ido, espero que se hayan antojado. Chiapas, como les digo, no se olvida 🙂

 

Categorías:Viajes por el mundo

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