Habana caminando: 10 cosas para hacer en la capital cubana

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Lo mencioné en otro post y lo vuelvo a mencionar porque es la simple y llana verdad: a La Habana se va a caminar, porque es la mejor forma de conocer esta ciudad llena de contrastes, color y música.

Hace poco volví de mi segunda visita a la isla. Fue una visita que no salió necesariamente como esperaba, pero que abrió otras posibilidades que ahora me permiten contarles sobre La Habana con un poco más de “expertise”.

La idea original era ir a Santiago de Cuba, la segunda ciudad más grande y ubicada en el extremo oriente de la isla. Por cuestiones que les contaré en otro post, el traslado hasta allí se hacía extremadamente complicado y poco ágil, por lo que al final desertamos del plan original y terminamos quedándonos más días en La Habana. Como no hay mal que por bien no venga, estos días extra nos sirvieron para recorrer la ciudad como un par de locales y descubrir nuevos tesoros aparte de los que ya habíamos descubierto en nuestra primera visita en el 2014.

Sin más preámbulo les cuento entonces 15 actividades/lugares que pueden hacer/visitar cuando visiten la capital cubana. El que me diga después de leer que “no sabe que hacer ahí”, que me avise para recetarle su sopapo porque más claro ni el agua 🙂

1. Saborear la Habana Vieja

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Apenas para los ratones de biblioteca!

La Habana Vieja ofrece muchísimos atractivos y uno de lo más entretenidos es perderse entre sus callejuelas. Los ejes principales de acción son sus 4 plazas: la Plaza de Armas, la Plaza Vieja, la Plaza de la Catedral y la Plaza San Francisco. Cada una de ellas tiene su encanto y son punto de partida para aventurarse por las callecitas estrechas de la parte más antigua de la ciudad.

Yo recomiendo especialmente la Plaza de Armas. Aunque puede ser la menos coqueta, es para mí las más interesante debido a que siempre están allí las compraventas de libros usados, reliquias de la revolución y otras curiosidades. Los amantes de las publicaciones verán sus delirios realizados porque aquí se pueden encontrar ejemplares únicos de libros sobre la historia de Cuba, o de autores como Ernest Hemingway, quien tenía un especial afecto por la isla. En mi primera visita a Cuba yo compré una edición super antigua y olorosa a viejo de “Por quien suenan las campanas”. Tan única era que sólo incluía la segunda parte del libro y yo me di cuenta cuando ya iba como la página 50 y noté que algo no calzaba! Así que hasta la fecha no conozco el principio de esa novela.

Estos puesticos tambien son agradables para los amantes de la historia, ya que se pueden conseguir muchos “tiliches” o cachivaches, centrados sobre todo en la Revolución del 59, como un álbum de postales, monedas antiguas, los billetes originales del Ché Guevara, cédulas de identificación y demás.

2. Dar una vuelta por el Parque Central y el Capitolio para ver los edificios y la mayor concentración de carros antiguos “pimpeados”

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Puro glamour!

El Parque Central es el punto neurálgico del turismo en Habana Vieja, ya que a su alrededor están los principales hoteles y de ahí salen la gran mayoría de excursiones turísticas hacia otras provincias de la isla. Como tal, es tierra de timadores (llamados “jineteros”) que no dudaran en caerle encima a uno para invitarlo a cuantos festival de la salsa, el puro o el ron exista.

Bueno, pero entonces ¿por qué estoy recomendando este punto? Pues más que todo porque a su alrededor hay dos atractivos interesantes: el Capitolio de La Habana, que es una réplica casi exacta del que existe en Washington DC; y los autos antiguos.

Si bien los autos clásicos se ven en toda la ciudad, los que están por esta zona son los más bonitos y coloridos ya que se usan para los city tours. Si se les antoja un tour, los precios comienzan desde los $40 CUC por un tour una hora.

3. Tomarse un mojito en La Bodeguita del Medio o un daquirí en El Floridita

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Firmar con tu nombre en una pared o mobiliario de la Bodeguita es la actividad más emblemática de este bar.

La Bodeguita y el Floridita son quizá los dos bares más emblemáticos de la Habana, a donde todo el mundo tiene que ir a tomarse un mojito o un daquirí. Ambos son famosos también por haber sido paradas estratégicas dentro de las andanzas de borracho de Hemingway, ya que el Hotel Ambos Mundos (donde vivió el escritor por un tiempo) queda muy cerca de ellos. El Floridita en especial cuenta con memorabilia del autor y una estatua en tamaño real, con la que obviamente me tomé una foto.

En la Bodeguita el atractivo es mas que todo tomarse un cóctel, fumarse un habano y escribir tu nombre o alguna cita famosa, o lo que a uno se le ocurra, en las paredes y mesas del lugar. Mi autógrafo está en una de las mesas del segundo piso 🙂

Ambos bares son más caros que la media en Cuba, obviamente por ser muy turísticos, pero vale la pena hacerles una visita corta.

4. Caminar por el Paseo del Prado (Martí) hasta el Castillo de San Salvador de la Punta

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Confieso que esta foto me la robé de Google. Por algún motivo inexplicable no tengo fotos del paseo.

El Paseo del Prado es una larga avenida peatonal que comienza en el Parque Central y se extiende por unas 5 cuadras hasta llegar al Malecón. Durante el día mucha gente llega a sentarse para conversar, hay músicos tocando, comercio informal y edificios imponentes a ambos lados de la calle para ver o fotografiar. Al final del paseo está la entrada al Castillo de San Salvador de la Punta, una de las 4 fortalezas que resguardaban la bahía de La Habana en tiempos coloniales. En este punto hay una explanada grande donde comienza propiamente el malecón habanero y desde donde hay una vista extraordinaria del skyline de la ciudad.

5. Conocer el Museo de La Revolución

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Camilo, Fidel y Ernesto viendo hacia el horizonte.

No todas las personas que van a Cuba tienen interés en visitar atracciones relacionadas a la Revolución y me parece entendible. No obstante, me parece una lástima ir a La Habana y no conocer un poco de historia contemporánea.

Este Museo obviamente tiene un marcado sesgo ideológico y encontraran arte condenando el imperialismo yanki. Pero tambien encontrarán colecciones de fotografías antiguas, documentos históricos, memorabilia y el monumento al Granma, la mítica embarcación en la cual llegó Fidel Castro a Cuba junto a otros 81 revolucionarios luego de estar exiliados en México a causa del régimen de Fulgencio Batista. A mí al menos me parece super interesante conocer esa cara de la historia y entender un poco mejor los pormenores de ese acontecimiento que, estemos de acuerdo o no, es de los más importantes en la segunda mitad del siglo XX.

6. Ir al Malecón un sábado por la noche

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A las 11:30 en las inmediaciones del Hotel Nacional, en la zona de La Rampa. Los jóvenes cubanos todavía tienen batería para rato.

Si la Habana Vieja es el corazón de la ciudad, el Malecón vendría ser como un pulmón que inyecta aire fresco y salino. Cualquier hora del día es buena para visitarlo, pero una experiencia bien divertida es ir un sábado por la noche, que es cuando la juventud cubana se apropia del espacio y lo convierte en un centro de fiesta.

“Pero si un sábado en la Habana no se duerme, chica!” me dijo un taxista joven que nos llevaba de vuelta al hostal al ser “apenas” las 11:30 pm (sí, somos un par de abuelitos). Y de verdad, que la calle estaba repleta de gente con sus botellas licor, cervezas y parlantes portátiles. En teoría no se permite tomar en vía pública y los policías llaman la atención de aquellos que ven cargando botellas a vista y paciencia o que están tomando al descaro. Pero la realidad es que todo mundo anda borracho y al final todo tranquilo, porque de una gritería no pasa. Nadie se pone violento, nadie se sobrepasa y todos la pasan relax bailando, cantando o conversando con los amigos,

El sector que se pone más “caliente” es la entrada a “La Rampa”, una conocida avenida en el límite entre los barrios de Vedado y Centrohabana, donde bajan las hordas de jóvenes buscando diversión en la noche habanera. Si bien ya me siento algo vieja para esos trotes, creo que es una experiencia culturalmente interesante y por eso la recomiendo.

Puntos extra: irse a comer un pollito asado en uno de los “ranchones” que hay en el malecon, especificamente en la zona de los hoteles Riviera y Melia Cohiba.  Los buenos de estos ranchones es que son relativamente baratos para comer, llegan los cubanos de a pie asi que hay mucho chance de ver folclor local, y llega la brisita del mar mientras se toma una cerveza. ¿Qué mas pedirle a la vida?

7. Visitar la Plaza de la Revolución y sus alrededores

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Suelen confundirlo con Fidel, pero no es Fidel, sino Camilo Cienfuegos. Su rostro adorna la fachada del Ministerio de Comunicaciones.

Si les soy honesta, en la Plaza de la Revolución no hay mucho que hacer. Es simplemente una gran explanada donde suelen realizarse actos masivos de conmemoración, como los del 1 de mayo o la visita del Papa, por ejemplo. Sin embargo es imposible, e imperdonable, ir a La Habana y no pasar por allí. Esta plaza es uno de los sitios más representativos de la ciudad, ya que a su lado se encuentran los edificios de los ministerios del Interior y Comunicaciones, los cuales llevan en su fachada los memoriales al Ché Guevara y Camilo Cienfuegos, respectivamente.

Asismismo, al otro lado de la plaza está el Memorial a José Martí, el poeta y libertador de Cuba. Este memorial es básicamente un Museo y una torre a la que se puede subir. Nosotros no subimos, pues llegamos luego del cierre, pero en teoría se aprecian vistas geniales de La Habana.

8. Adentrarse en Centro Habana

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Una esquina cualquiera en Centro Habana. La verdadera Habana.

Centro Habana no es para los débiles. Este barrio, ubicado entre Habana Vieja y el Vedado, representa la cara más real de la ciudad, el verdadero latido del pueblo cubano. No es para los débiles precisamente porque no es bonito, no es glamoroso, no es moderno. Pero es auténtico, es crudo, es alegre, y si a la Habana Vieja le llamo el corazón de la ciudad, puedo decir que Centro Habana es su alma.

No puedo mencionarles un edificio, museo o monumento específico para ver en esta zona, porque la verdad lo único que hicimos fue perdernos. Comenzamos caminando por la avenida Salvador Allende y giramos a la derecha en una calle cuyo nombre no recuerdo. De ahí continuamos caminando a donde nos llevara el viento. Pasamos por un punto de referencia, el Mercado Cuatro Caminos, uno de los mas grandes de la ciudad y que ahora esta en remodelación.

En Centro Habana hay mas pobreza que en otras partes de la ciudad, o es al menos mas evidente. A diferencia de la Habana Vieja, Centro Habana no es Patrimonio de la Humanidad y por eso su edificaciones están mas abandonadas o en decadencia. Las aguas negras salen mas frecuentemente y a veces el olor no es agradable. Pero también se topa uno música, dominó en la calle, alegría, calidez cubana, arquitectura sobria, las tiendas de santería llenas de cuentas, collares, figuras, Santa Barbara transformada en Xangó y San Lázaro en Babalao.

Hay quien me dirá “Marce, pero si ahí es muy feo y sucio, ¿por qué ir?”. Yo no tengo la respuesta, al menos no una respuesta lógica y satisfactoria…mi respuesta viene de la emoción, porque al menos para mi, dentro de la fealdad hay siempre belleza.

9. Ir a la visita guiada en el Hotel Nacional y comerse un helado en Coppelia

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Una vistada al mini museo de la fama. Hotel Nacional de Cuba.

Este es un plancito sencillo, algo rápido por si tienen algún tiempo muerto y están cerca de la zona de “La Rampa”.

En esta área se ubican varios de los hoteles mas famosos de La Habana, esos que huelen a polilla y que en otro tiempo exudaban alto glamour porque recibían diplomáticos o artistas de cine. De todos ellos, el único que ha conservado un estatus mítico y un aura de lujo ha sido el Hotel Nacional, por donde han pasado montones de personalidades famosas como cantantes, escritores, actores, presidentes, mafiosos y lideres religiosos. Por sus habitaciones pasaron nombres como Frank Sinatra, Cantinflas, Maria Felix, Rita Hayworth, Jean Paul Sartre, Barack Obama,Robert Plant y Al Capone entre muchos mas.

Resulta que este hotel ofrece una visita guiada todos los dias, excepto domingo, a sus instalaciones, donde las personas pueden apreciar mejor la arquitectura del inmueble y sobre todo aprender un poco de su historia. Yo les confieso que no la hice, no porque no quisiera sino porque llegue precisamente un domingo, entonces ni modo. Pero igual nos prmitieron entrar a un mini-museo que alberga recuerdos de huespedes famosos que pasaron por el hotel.

Si al salir del Hotel Nacional aún tienen tiempo para rondar por la zona, pueden ir a comerse un heladito en la famosa heladería Coppelia, toda una institución habanera. Esta heladería abrió sus puertas en 1965 aproximadamente, por iniciativa del incipiente gobierno socialista, y tiene 2 cosas curiosas para mi: 1) La arquitectura, pues recuerda a una nave espacial y 2) El precio del helado es subsidiado para cubanos y es uno de los pocos productos no racionados, es decir, que pueden ir a comprar las veces que quieran.

10. Dar una vuelta corta en Playas del Este

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Demasiada gente para mí gusto, pero creo que podría darle otra oportunidad a Playas del Este. Talvez un día entre semana.

Aunque La Habana es una ciudad al lado del mar, la verdad es que en las cercanías no hay playas decentes o limpias para tomar un baño. Así que si ustedes son de darse chapuzones, tienen que viajar 30 minutos al este de la ciudad para conocer un sector llamado precisamente “Playas del Este”, donde el mar es tan celeste como los ojos de un escandinavo.

Para llegar hay que tomar una “guagua” (autobús) que sale a un costado del Parque Central director hacia las playas. El costo del tiquete es de $5 CUC, ida y vuelta. La cosa es que la guagua lo lleva a uno hasta allá y hace una 4 o 5 paradas, pues Playas del Este es en realidad como una fajita costera con varios “pueblos” a lo largo.

Digo “pueblos” entre comillas, porque realmente es una cosa extrana: Tarara y Santa María del Mar, que fueron las dos paradas donde nos detuvimos son mas como vestigios de lo que en algún momento quiso ser un residencial turístico con casas de veraneo, o un intento de polo turístico a lo Varadero que al final no vio la luz. El asunto es que hay pocos comercios donde comprar agua o algún abarrote y tampoco hay lugares donde te presten el servicio sanitario.

¿Que por qué lo incluyo en la lista de planes entonces? ¿Si suena medio inhóspito y si ademas no se puede ir caminando sino en guagua? Bueno, porque tiene que haber oferta para todos los gustos y a los que son playeros como yo les cuento de esta opción 🙂 Sí, ir a Playas del Este es entrar un poco en la dimensión bizarra, pero la verdad que la playa es bonita y tranquila (el mar si es un poco agitado). Eso si, traten de ir entre semana porque un sábado o domingo se abarrota de gente y no hay campo pero ni para respirar.

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¿Entonces qué? ¿Les suenan estas opciones? Espero que sí. Conocen alguna otra que quieran agregar? Avísenme y hacemos listado colectivo para compartir con otros viajeros. Los leo!

Categorías:Viajes por el mundo

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