Guía express para visitar Chile- Episodio 5: La guarida del Trauco

Es enano, feo, deformado y tiene piernas pero no tiene pies. Se dice que habita en los bosques fríos y que si una mujer lo mira directamente a los ojos, quedará prendada de él hasta consumar relaciones sexuales, tal es su “sex appeal”. Asimismo, si una mujer queda embarazada y ningún hombre asume la paternidad de la criatura, en Chiloé asumirán que es hijo del Trauco.

Yo nunca lo vi, pero anduve cerca de su guarida: la Isla Grande de Chiloé, hogar de muchísimas leyendas y mitos y casi que una república independiente de Chile, en vista de que sus habitantes antes que chilenos, son chilotas.

Esta isla grande es parte de la Región de Los Lagos y merece capítulo aparte por el hecho de ser uno de los lugares más auténticos del país suramericano. No sólo por su gente, su arquitectura o sus tradiciones, sino porque también posee una naturaleza salvaje y especies endémica, es decir que sólo se encuentran acá, como el pequeño pudú y el simpático zorrito de Darwin.

Primero les cuento como llegamos y algunos datos básicos…

Chiloé para dummies

Paisaje en Ancud Chiloé
Una postal típica

A diferencia de otras islas grandes en el mundo en donde existen puentes largos para comunicarlas con tierra firme, Chiloé sigue siendo una isla en el sentido más literal de la palabra. Para llegar a ella es necesario tomar un transbordador o ferry en el pueblito de Pargua, ubicado a una hora de distancia al sur de la ciudad de Puerto Montt. Este ferry tiene un costo de aproximadamente 12 000 CLP (unos $20) por trayecto para automóviles livianos.

Este ferry sale con bastante frecuencia y es que no es sólo una compañía la que lo ofrece, sino que son como 3 o 4 entonces a la hora que lleguen siempre va a haber transporte disponible. Las únicas horas donde hay menos disponibilidad son entre las 11pm y las 6 am, de acuerdo con el cobrador del barco que abordamos.

Tan sólo la cruzada del estrecho que separa el continente de la isla es una aventura: a como puede estar tranquilo el mar, de repente puede estar picado y levantar olas enormes que mojan a la gente que va en los balcones. A nosotros nos dieron un buen chapuzón y a mí hasta se me metió agua en los oídos de lo fuerte que pegan las olas! Pero bueno, también nos recompensaron con el primer avistamiento de fauna: unos leones marinos bien sentados encima de un neumático, como si no fuera con ellos la cosa. Yo nunca había visto un animal de estos en mi vida y fue una sensación tan chiva!

Al parecer los chilotas (gentilicio de la gente de Chiloé) no quieren que se haga un puente, a pesar de que ya han habido intentos por parte del gobierno chileno para hacerlo en vista de que la isla es desarrollada, tiene su propia industria y es como cualquier otro polo comercial y turístico. Pero de alguna forma ellos sienten que su identidad se protege y se fortalece al estar aislados del resto. La verdad es que les doy la razón.

En fin, que al terminar el viaje en ferry desembarcamos en el pueblo de Chacao y de ahí seguimos hacia la primera ciudad grande de Chiloé: Ancud, a donde iniciamos nuestro itinerario de 4 días visitando los principales atractivos de la isla.

Ancud: pingüinos y mercado

Islotes de Puñihuil
Mi cámara no tiene buen zoom, así que no tengo fotos de pingüinos pero por ahí andan, en el mar y en las rocas!

Ancud es la segunda ciudad más importante de la isla, luego de Castro, que es la capital. Ahí paramos un momentito a comer en su mercado, donde nos sirvieron una típica paila marina, que no es otra cosa que una sopa con mariscos variados. Siendo muy sincera, no me encantó. No sabe mal, pero tiene ese sabor fuertísimo a marisco que cuesta describir y que se le queda a uno en la boca como por 3 horas. ¡Me gustó mas el pancito con mantequilla que nos dieron de acompañamiento! Y es que si hay algo que hacen rico en esta zona son los lácteos, hasta existe una empresa local (Chilolac)que distribuye para toda la isla.

Luego de almorzar, disfrutamos dando una vuelta por el mercado y viendo productos. Dos en especial nos llamaron la atención: las mieles, producidas también en la región; y los cochayuyos, que son una especie de alga rarísima parecida a un calamar, de alta demanda en Japón según nos contaron los locales. Nosotros pasamos del cochayuyo, pero si compramos un tarrito de miel que vino a darle más amor y luz a nuestros desayunos.

Miel de abeja Chepu Chiloé
Una miel como las de Winnie Pooh!

La siguiente parada ese día fue el Monumento Natural Islotes de Puñihuil, mejor conocido como “la pingüinera”. Ubicado a una media de de Ancud, se llega a través de una calle en perfecto estado en medio de paisajes a-lu-ci-nan-tes, con casitas coloridas, vacas, ovejas y la inmensidad del océano Pacífico de fondo. Una vez en Puñihuil, uno encuentra varios restaurantes o paraderos que ofrecen tours para ir a ver a los pingüinos y otras aves marinas. Si mi memoria no me falla, el tour grupal de 30 minutos tiene un costo de unos $20 por persona.

Que les diré….¡fui tan feliz! Nunca en la vida había visto pingüinos en vivo y en directo. En Puñihuil pueden verse dos especies, la magallánica y la de Humboldt. Yo no entendí bien la diferencia entre ambas, pero no me importó mucho la verdad: fue todo un espectáculo verlos paraditos a la par de las rocas, zambulléndose en el agua, caminando así con ese caminadito tan divertido que tienen. Se me derritió el corazón y la verdad que me conmoví.

Castro: el corazón de la isla

Iglesia de Castro Chiloé

Dejamos Ancud atrás y nos dirigimos luego a Castro, la ciudad principal de Chiloé y nuestra base durante los próximos 3 días.

Castro está en el mero centro de la isla, entonces es un punto medio conveniente para explorar el resto. Como les mencioné arriba, no hay que dejarse engañar: Chiloé es bien grande, y no es sólo es la isla principal, sino que al ser un archipiélago hay otro montoooon de islitas pequeñas por descubrir. La mayoría de tours comerciales sólo van durante un día (salen todos de Puerto Varas o Puerto Montt), así que para conocerla mejor y sentir su verdadera alma hay que quedarse al menos 2 noches.

¿Y qué se puede visitar en las cercanías? Les cuento:

Los palafitos y la iglesia
Palafitos de Gamboa en Castro Chiloé
Cuando tenía melena de león

Chiloé, como el resto de la región de Los Lagos, se caracteriza por una arquitectura muy particular. Además de las casas de maderas pintadas de colores, en Chiloé es común ver construcciones palafíticas, que es otra manera de llamar a las casas o edificios montados sobre pilotes en el agua.

Los más famosos son los de Castro y de hecho son la postal turística por excelencia cuando se habla de Chiloé. A mí sinceramente me parecieron bonitos, sobre todo por su colorido, pero tampoco son la gran cosa como para que sea una atracción tan popular. En todo caso, vale la pena pasar un momento para admirarlos.

La iglesia de Castro, por otra parte, me pareció súper coqueta y bonita. Esta pintada de rosa y amarillo y es quizá la más grande de la isla. Chiloé en general es reconocida también por ser el hogar de más de 100 iglesias antiguas con un estilo arquitectónico especial. Estas iglesias son Patrimonio Cultural por parte de la UNESCO y existe incluso un circuito turístico dedicado sólo a visitarlas. En mi caso, no hice este circuito pero sí visité algunas de ellas, como la de Castro por ejemplo.

parque nacional chiloé
Parque Nacional Chiloé
Caminando entre los senderos. Este era el sendero que daba a la playa.

En Chiloé casi todos los pueblos están ubicados en la sección este de la isla, es decir, la que mira hacia el continente. El otro lado, el que mira al Oceano Pacífico, tiene una gran parte de su territorio distribuido entre dos áreas protegidas: el Parque Nacional Chiloé y el Parque Tantauco.

Aunque el Parque Chiloé es enorme, sólo hay un sector abierto a la visita general, que es el sector Chanquín. Se ingresa a través del pueblo de Cucao y la entrada general cuesta como 3000 CLP ($6). Una vez adentro hay como 4 o 5 opciones de senderos, aunque algunos pueden estar cerrados dependiendo de la época. Nosotros hicimos uno de bosque y otro de playa. Las instalaciones están bastante cuidadas y hay un pequeño salón con información, incluidas las famosas leyendas de Chiloé sobre criaturas mitológicas como el Trauco, la Pincoya y el Camahueto.

A decir verdad, no hay mucho más que hacer y no se ve mucha fauna tampoco, pero el lugar tiene paisajes bonitos y pues, estando en Chiloé, ¿por qué no ir?

el muelle de las almas
Muelle de Las Almas Cucao Chiloé
El Océano Pacífico en su estado más místico.

Este nombre tan pomposo se le dio a una intervención artística de un escultor chileno que basó su obra en la leyenda de de las ánimas de Cucao. Esta “escultura”, ubicada en una propiedad privada al lado de un gran acantilado que da al mar, es en efecto una especie de embarcadero o muelle a donde las almas esperan para ser llevadas al más allá.

Yo había leído que era un lugar con un paisaje bellísimo y por eso quería ir, aunque me daba un poco de pereza porque también había leído que era una típica trampa de turistas, con gente peleándose para tomarse la selfie encima de la escultura. Pero bueno, ya estábamos en Chiloé y yo dije a la mierda, como voy a venir hasta acá y no ir, entonces alrededor de las 4:30 de la tarde emprendimos la marcha.

Apenitas nos dio tiempo de entrar, porque a las 5 pm cerraban el acceso a la finca. Nosotros en nuestra confusión por el exceso de horas de sol pensamos que eran como las 2 pm, porque eso parecía. En fin, para entrar hay que comprar primero las entradas en un puestito que está como 1 km antes de la entrada a la propiedad, y tienen un costo de 4000CLP mas o menos ($6-7). Una vez en la entrada, se deja el carro y se comienza a caminar en medio del bosque y los potreros.

En algunos sitios de Internet dicen que es una caminata difícil, pero la verdad que yo la vi de fácil a intermedia, supongo que dependerá de la condición física de cada quién. Sí hay algunas pendientes, pero si uno va tranquilo no hay de que preocuparse. El recorrido dura unos 45 minutos de ida y otros 45 de vuelta.

Tuvimos la suerte de que nosotros fuimos los últimos en entrar, entonces tuvimos el paisaje y el muelle para nosotros solos. Que les diré….de los paisajes más majestuosos que hayan visto estos ojitos. Yo le dije a mi esposo que Chile en general era el país de la contemplación porque en serio que uno no puede creer la belleza de lo que está viendo.

Tomamos las fotitas de rigor y nos devolvimos casi a las 7 pm, cuando ya la luz estaba empezando a bajar. Si bien el Muelle no es algo del otro mundo, el paisaje que le rodea sí lo es, así que recomiendo esta visita al 100%.

Quellón, Chonchi, Dalcahue y la isla de Quinchao

Aparte de los lugares que ya les conté, dimos vueltas rápidas a otros pueblos y atractivos de la isla. Les cuento un poquito más de cada uno:

Quellón: es la tercera ciudad en importancia y la que está más al sur de la isla. Vale decir que es lo más al sur del mundo que he estado en mi vida. El día que la visitamos estaba lloviendo mucho, así que el paisaje no era especialmente atractivo. A mi parecer, son más bonitas Ancud y Castro, pero bueno si andan por la zona no está de más visitarla.

Parque Tantauco: camino a Quellón encontramos esta otra zona protegida. A diferencia del Parque Chiloé, Tantauco es administrado por una fundación de carácter privado relacionada al actual presidente de Chile. En teoría acá se puede ver con mayor facilidad el pudú, que es como un venadito miniatura, y el zorrito de Darwin, que es otra especie también mini. Ambas son endémicas de Chiloé. El día que fuimos nos topamos la triste sorpresa de que se había caído un puente justo 1 km antes de la entrada, entonces nos quedamos con las ganas de entrar, pero en teoría vale mucho la pena.

Chonchi: A la vuelta de Quellón, pasamos por este pueblito costero. Como todos en Chiloé, tiene una iglesia bastante coqueta pintada de amarillo y celeste. Anduvimos un rato por el malecón y nos perdimos en sus callecitas. También vimos el famoso “licor de oro”, un delicatessen de la zona y que en teoría poca gente sabe de que lo hacen. Nosotros no lo probamos al final, pero bueno, es un volado por si algún día se dan la vuelta.

Iglesia de Chonchi Chiloé
La iglesia de Chonchi en un día super nublado

Dalcahue: Otra pequeña ciudad costera bastante cercano a Castro. De aquí se toma el transbordador para ir a otras islas del archipielago como Quinchao.

Quinchao: es una de las islas principales y alberga varios pueblitos, entre ellos Achao, Curaco de Vélez, y Quinchao. Nosotros visitamos Achao con motivo de una Feria del Cordero que tenía lugar justo el día que nos devolvíamos a Puerto Montt. Ahi vimos artesanías hechas de lana de oveja (el souvenir más típico de Chiloé son las medias tejidas) y nos comimos un platón de asado de cordero que estaba MORTAL. También probamos el famoso terremoto chileno, que no es otra cosa que un coctel hecho con vino pipeño, un licor rojo llamado granadina y una bola de helado de piña.¡Ajá, todo un menjurje! Terminamos con una probadita a las típicas empanadas de manzana caseras.

Achao también es hogar de la iglesia más vieja de todo Chiloé, cuya construcción se remonta al siglo XVIII. ¡Es muy bonita y vale la pena verla!

Y para terminar…unos cuantos tips

Si ya leyeron hasta acá, muchas gracias y les doy el bonus track que son los siguientes tipcitos para un viaje más bonito:

  • En el sur de Chile llueve MUCHO y es de esos lugares donde puede estar haciendo sol y a la siguiente hora ya está lloviendo a cántaros, entonces lleven ropita adecuada: zapatos cómodo, impermeable, abrigos, sombrilla, y demás. Si no son friolentos pueden llevar shorts en el verano o así, pero digamos que ahí un día “caliente” son 20 grados centígrados a lo mucho.
  • A diferencia del norte, cambiar dólares acá es más complicadito. A nadie le gusta mucho tener moneda extranjera, entonces casi que sólo en los bancos se puede hacer. Igual que en todo Chile, sólo billeticos impecables.
  • Comer afuera es caro, pero mi recomendación si están en Castro es que vayan a comer a los carritos de comida que se estacionan diagonal a la Iglesia. Ahí pueden encontrar el famoso sandwich italiano, o el perro caliente con 3 salsas y aguacate (los chilenos comen mucho aguacate) más un chocolatico caliente por un precio bien módico. Sino en la cuadra que está detrás de la iglesia venden empanadas de todos los sabores y unas tortas de papa rellenas llamadas milcaos.

¿Qué les ha parecido Chiloé? Espero que hayan podido imaginarla así como es, tan auténtica, y que pronto deje de vivir en su imaginación para pasar a ser parte de sus recuerdos. Sólo esperemos que no se topen al Trauco 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.